domingo, 7 de octubre de 2012

Lo que Dios unió, que no lo separe el hombre


Unidad de naturaleza e íntima afinidad entre los dos sexos.
Teniendo el riesgo de caer en posiciones y perspectivas sesgadas, me permito hoy más que en otro momento, expresar un comentario  personal respecto a este tema que ha sido motivo de muchos estudios,análisis,investigaciones que nos han permitido nutrirnos y, por lo tanto, hacer de la existencia del género humano,una experiencia cualitativa. Desde la óptica científica así como de la antropológica y sociológica, las diversas culturas y sociedades en la práctica cotidiana tiende, por su misma esencia, a ejercer algún tipo de dominio sobre el género opuesto, y éste a su vez ha sufrido algún tipo de opresión o violencia que de igual manera tiende a reproducir contra otros. Y, es que históricamente la gran mayoría de las culturas han sido, en nuestros términos, machistas; es decir han sido de carácter androcéntrico llevando a la mujer a un segundo plano, a no darle su verdadero valor y reconocimiento hasta llegar a cosificarla. Esto es muy “común” en la mayoría de nuestros países latinoamericanos y por supuesto en nuestro propio país. Con el avance de la que llamamos la civilización o post-modernidad, se ha venido revisando estas costumbres y practicas tan arraigadas para reivindicar los derechos tanto del género femenino, como de los niños y ancianos, así como de conglomerados débiles y altamente vulnerables por su condición de pobreza extrema, de raza y hasta de credo religioso. Hoy, en este mundo completamente globalizado, se ha llegado a tomar consciencia del valor, respeto y dignidad del género femenino, volviendo la atención hacia ellas y podemos encontrar desde los movimientos y organizaciones sociales que abogan por su causa hasta llegar a extremos como el feminismo mismo. Es entonces, y en esta hora, que la humanidad empieza a reconocer que todos los seres humanos tenemos un mismo origen y un mismo destino. [i]Se ha venido descubriendo, también desde la psicología, las diferencias tanto físicas como mentales que determinan el comportamiento de cada uno de los sexos para poder ayudarlos a desarrollar plenamente sus propias capacidades que inciden en su propia realización personal y que aportan al crecimiento del otro. Entrando un poco en la perspectiva ética vamos entablando, entonces, unas relaciones más equitativas, fraternas, sororas, solidarias…; de valoración y respeto por el otro, y sobre todo por la otra persona que no piensa y actúa igual que yo. Está  demostrado tanto históricamente como sociológicamente que el hombre, como varón, solo no puede lograr mayores avances, así como la mujer como “varona” (algunos dicen “hembra”, que tiene más connotación con la especie animal), tampoco puede realizarse totalmente; como cuando se unen, acompañan, caminan uno al lado del otro y en relaciones mutuas de amor y respeto, logran crecer, madurar y realizarse plena y recíprocamente.
El mensaje de las lecturas de la liturgia para este domingo, giran entorno, precisamente a este tema, así el libro del Génesis, en su segundo relato dela creación, ya manifiesta esta preocupación manifestado en la cultura  semita ya que el nombre no era algo meramente exterior, sino una parte de la persona o cosa nombrada. Poner o cambiar un nombre era una forma de afirmar la autoridad o el dominio. No olvidemos que en hebreo, las palabras traducidas por hombre y mujer tienen un sonido muy parecido. (Ish= hombre; Isha=mujer, de donde viene la traducción Adán para el hombre y para la mujer sería: Adama) Este parecido, lo mismo que el relato de la formación dela mujer con una costilla sacada del hombre, quiere destacar la unidad de naturaleza, la íntima afinidad entre ambos sexos y, por tanto, la igualdad esencial de derechos. También es destacable el verso 24, donde pone de relieve la dignidad y el significado profundo de la unión matrimonial.[ii]
El salmo responsorial es el 127  que nos propone proclamar: “Que el Señor nos bendiga todos los días de nuestra vida”.
De la segunda lectura  tomada de la Carta a los Hebreos queremos destacar: “El que consagra y los consagrados tiene todos un mismo origen”.
El evangelio tomado del evangelista san Marcos al inicio del capítulo 10, nos plantea una vieja controversia que se presenta con los fariseos, esta vez respecto a las diferentes interpretaciones de la ley sobre el divorcio frente a lo cual Jesús remite a lo que dicen los antepasados en las mismas Escrituras frente al tema y pone la respuesta misma en boca de ellos; ya que este evangelio parece haber sido dirigido a lectores romanos que vivían las leyes de Roma, incluye el caso de una mujer que se divorcia de su esposo, lo cual era permitido por la ley romana, pero no por la ley mosaica. De igual forma esta pasaje rescata el valor religioso y dignidad de los niños que en la sociedad judía era incluso menor que el de las mujeres. “Jesús contradice abiertamente esa mentalidad, al recordarles que la función primordial del matrimonio es la de compartir la vocación de vivir un mismo destino. Y para eso recuerda  el relato bíblico del Génesis, en el que la pareja humana se abre a Dios para hacer de su existencia algo más que un compromiso de convivencia. La pareja, por el matrimonio se compromete a compartir un mismo destino y a vivir esa unidad a pesar de las diferencias individuales”. (Ibíd.)
Una apreciación final tiene que ver con lo siguiente: ¿Continúa siendo hoy,  el matrimonio un proyecto de amor que implique igualdad en derechos, dignidad y obligaciones? ¿Excluye, esta unión, toda relación de dominación?.
“Mientras haya amor, hay matrimonio y habrá corazón para soñar y para perdonar”[iii]



[i] Bíblico 2012, para unir mejor la vida y la Biblia; CICLA. Comentario
[ii]Santa Biblia, Reina-Valera 1995, Edición de Estudio. Nota de texto.
[iii] La Biblia de nuestro pueblo (Luis Alonso Schokel). Biblia del Peregrino. América latina. Comentario.

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